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El consumo de agua en Colombia corresponde a  la agricultura 61 por ciento; seguido por el doméstico, con un 26 por ciento; y el industrial, con un 9 por ciento. La lista la cierran el sector pecuario y el de servicios, con un 3 y un 1 por ciento.

El fenómeno se da, de acuerdo con Carlos Herrera, gerente de asuntos ambientales de la Asociación Nacional de Industriales (ANDI), sencillamente porque Colombia es un país que tiene agua de sobra. Otra cosa- agrega- son los problemas de distribución, calidad y administración del recurso.

Y tiene razón. El nuestro es uno de los países con mayor riqueza hídrica del mundo. De acuerdo con cifras del Ministerio de Ambiente y del Ideam, la oferta de agua superficial es casi 100 veces mayor que la demanda. Además, se estima que el beneficio que representa el recurso hídrico para el desarrollo del país equivale al 9.99 por ciento de PIB.

El lío es que esa oferta es heterogénea, pues la mayor parte del recurso se encuentra en donde casi no hay gente, es decir, en la Orinoquia, Chocó y Amazonía.  Y en la zona Andina, en donde está el grueso de la población hay tan solo un 15 por ciento de la oferta total.

Por eso se habla de una eventual escasez, razón por la cual  “Como una estrategia para enfrentar la amenaza de escasez de agua en el futuro, los hogares y empresas del país deben tomar conciencia sobre la urgente necesidad de aplicar el modelo de la huella hídrica”, afirmó la presidenta gremial.

Incluso fue más allá al proponer que las CAR deberían estar organizadas por cuencas. “Las futuras administraciones deben comenzar a definir de mejor forma organismos de cuenca que respondan a una territorialización del recurso hídrico (…) para fortalecer mecanismos de identificación, manejo, planeación y construcción de grandes, medianos y pequeños reservorios regionales que permitan atender temporadas de escasez”, afirmó.

A menudo las empresas no tienen en cuenta la oferta hídrica, y eso ya se está convirtiendo en un problema; de hecho, registros de la autoridad ambiental en el Caribe demuestran que debido a las malas prácticas y a la deforestación, la oferta hídrica de la Sierra nevada de Santa Marta ha disminuido notablemente. De acuerdo con Espinosa, la escasez de agua en verano podría, incluso, ocasionar que no se entreguen más concesiones para producción, debido a la escasez del recurso en esa zona.

Se requiere invertir en mantenimiento de plantas de tratamiento de aguas residuales, que las empresas inviertan en la conservación de cuencas.  Y todo apunta a que  es la única forma de evitar que no se haga realidad los pronósticos de un reciente informe de la Contraloría Delegada para el Medio Ambiente, donde advierte que pese al alto volumen de lluvias y la abundancia de fuentes hídricas, el país pudiera enfrentar graves problemas para garantizar la sostenibilidad del agua, al punto que en el año 2015 el 66% de los colombianos pudiera estar en riesgo de desabastecimiento en tiempos secos.